Uruguay prepara un segundo "Maracanazo" como líder de América
Uruguay llega como líder de las "Eliminatorias". Foto:lainformacion.com/EFE
Uruguay puede ser una de las grandes amenazas para Brasil en "su" mundial. 23.370 días después podría volver a producirse el Maracanazo. El escenario perfecto para albergar la final más esperada por el fútbol mundial desde que comenzó el nuevo milenio.
Las razones para consolidar esta afirmación son muy claras. En ningún lugar del mundo se vive el fútbol con una intensidad y devoción comparable a la del país carioca.
La puesta en escena de la Torcida brasileña, dota al deporte rey de una gama de colores inigualable en cualquier estadio de los cinco continentes. En lo futbolístico, nos encontramos ante uno de los campeonatos más abiertos de la historia.
Por un lado Brasil, gran favorita por motivos obvios. La tradición de la selección "canarinha" hace que se piense en ellos como grandes aspirantes a jugar la final de Maracaná el 13 de Julio de 2014.
Los actuales campeones, España, y la fuerza y aplomo de Alemania, les coloca en la nómina de favoritos de la competición, pero no sería descabellado pensar en la repetición de la historia. Uruguay, como protagonista de un segundo Maracanazo ante un equipo brasileño que… ¿cambiaría esta vez sus colores y abandonaría la Verde-amarelha para siempre?
1950
Maracaná presidía engalanado el último encuentro de aquella Copa del Mundo.
No era una final al uso, pero la fuerza de las dos selecciones y el capricho de una programación mundialista atípica, habían dado como resultado un partido en el que los dos colosos del continente sudamericano (con permiso de la ausente en el mundial, Argentina) se jugarían el cetro mundial. La lucha por la cuarta Jules Rimet de la historia había comenzado.
Uruguay era el convidado de piedra dentro de una fiesta en la que los Charrúas no estaban invitados. Los integrantes del conjunto brasileño estaban a punto de tocar el cielo.
En la liguilla final que debía decidir el campeón mundial, habían humillado a suecos y españoles con goleadas para el recuerdo. 13 goles en dos partidos, que hicieron confiar en el triunfo final a la Torcida brasileña.
Uruguay sin embargo, no había demostrado en ningún momento una clara superioridad con sus rivales, por lo que nadie podía pensar en que terminarían dando el campanazo.
La fiebre por el equipo nacional brasileño y el deseo de victoria en la Copa del Mundo, llegaba a límites insospechados. Hubo incluso quien pidió que los integrantes del equipo fueran elegibles en las elecciones políticas que se produjeron esos días.
Para el país, el fútbol contenía todos los ingredientes de felicidad que la vida era capaz de generar. Ganar era una cuestión de supervivencia.
Los goles de Schiaffino y Ghiggia cambiaron la historia de la selección brasileña. El Maracanazo se convirtió en el mayor hito de la historia del fútbol.
El funeral más multitudinario del planeta tuvo lugar sobre el cemento del majestuoso Maracaná... Brasil dejó de lucir su camiseta blanca, porque el 16 de Julio de 1950 murió parte de su esencia.
La historia posterior de la selección brasileña no se habría producido sin la muerte de 1950. La poderosa "canarinha" que conocemos hoy en día aprendió a reinventarse a partir del mazazo Uruguayo.
La magia de Pelé y las piernas de Garrincha… los pases de Rivellino, la personalidad de Sócrates, la imaginación de Romario o la definición de Ronaldo... Brasil, Brasil, siempre Brasil…
URUGUAY
Uruguay no había realizado un campeonato a la altura de la machada que protagonizaría. Era un conjunto trabajador más que talentoso. Bajo el telón de una mentalidad muy fuerte se escondían las armas de aquel equipo. Trasladados en el tiempo, la selección Charrúa que se proclamó campeona mundial y la actual de Tabárez, comparten el poder competitivo que las hace grandes en momentos clave.
La Uruguay del “maracanazo” tenía buenos delanteros. La de ahora disfruta de una generación dorada con Forlán, Suárez y Cavani.
Era un fútbol distinto, de otra velocidad y diferente esquema. En 1950 Schiaffino lideraba a los campeones, un hombre que jugaba de interior derecho pero que se trasladaba al centro del campo para dirigir el contundente ataque uruguayo.
Gigghia era el puntal del equipo, un jugador veloz que apuñaló a Brasil en el momento menos esperado. Existe una frase de Alcides Edgardo Ghiggia que se guarda con emoción en la biblioteca de recuerdos del fútbol uruguayo: "Solo tres personas han conseguido silenciar al Maracaná... Sinatra, el Papa y yo".
La actual Uruguay está dirigida por un maestro del achique de espacios como Washington Tabárez. El técnico nacido en Montevideo en 1947 fracasó en el Milán, un hecho que marcó su trayectoria, pero ha convertido a la selección de su país en el mejor equipo de Sudamérica.
Muslera en la portería reúne todas las condiciones de los mejores porteros sudamericanos, destacando su poder en el uno contra uno.
Diego Lugano intenta mejorar día a día en el París Saint Germain, pero siempre ha sido un baluarte muy importante para Washington Tabárez. Llegará al mundial con 34 años, hay quien ya ve en Diego el sucesor en la historia del que fuera jugador de Nacional Eusebio Tejera, defensa de aquella enigmática selección que asombró al mundo en 1950. Sería un magnífico epílogo para su carrera. Este año se han cumplido 100 años del nacimiento de Peñarol, una de las canteras eternas de la celeste.
Luís Suárez y Cavani deberían encarnar a los Schiaffino y Ghiggia en un hipotético “nuevo maracaná”, con permiso de un mito, Diego Forlán, al que siempre hay que tener en cuenta ya que “las leyendas siempre vuelven”.
Suárez y Cavani reúnen todas las condiciones para liderar a los charrúas a la gloria. Su momento actual, unido a la experiencia y una trayectoria ascendente hasta 2014, hará de ellos una de las parejas más letales del mundo.
1950 y 2014, el miedo a un nuevo maracanazo inunda la mente de millones de brasileños. Un pequeño país, con mucho talento por kilómetro cuadrado amenaza con volver a cambiar la historia del fútbol.













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